Se podría llamar a la locura el antítesis de la razón
o sencillamente la llave que abre las puertas
hacia ese sin fin de planos paralelos,
que convergen y divergen en un mismo punto
del entendimiento incógnito del ser humano,
en una trayectoria elíptica "causa-efecto".
Utilizando la misma dimensión física,
siendo el ciclo terrenal una mera conjetura
en el dédalo entreverado y confuso en que vivimos.
¿Se puede unir y separar la la vez la psique,
-denominador poco común del alma humana-,
del yo personal, -ente corpóreo-?
¿Es acaso la procreación -principio de la vida-,
el primer eslabón de la cadena que arrastramos
en ésta antítesis antisocial de antro en que vivimos
y el espíritu -parte no material del ser humano-,
liberación de la carga que soportamos
hacia un estado imaginario al cual nos aferramos?
Tan simple y fugaz,
como la nada nadando entre la nada,
puede llegar a ser la sabia que llevamos dentro
o un proceso simbiótico con la madre naturaleza.
Dejamos el capullo terrenal,
materia orgánica sin más;
para conectar con esa tela de araña
que entrelaza el espacio-tiempo
en un Universo laberínticamente enrevesado.
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