Que me perdonen si pueden
los que me rodean, que me perdonen.
La logia, que atropella, de la vida moderna
no me satisface, no comulgo en su iglesia.
Que me perdonen, si pueden, los que me quieren;
pero éste desvivir para morir a ciegas,
rompe la esperanza, me descentra.
Me veo arrollado por un río lleno de miserias.
Que me perdonen aquellos que por cualquier causa o motivo
sintiesen dolor e impotencia ante cualquier acción mía.
Que sepan que el arrepentimiento, por desgracia, no
puede dar macha atrás, ni liberar el acto, causa o pena.
Que me perdonen aquellos que con el perdón encuentren la paz,
sepan, que se, que es difícil perdonar con la cruz acuestas.
Esta vida es una noria en la que todos damos vueltas,
dichosos los que supieron bajarse tras las primeras.
Que me perdonen aquellos que, libre su conciencia,
se sientan capaces de lanzar la primera piedra.
Pero si yo no soy digno de ese perdón,
que la lancen sin miedo.
Ellos perdonados quedan.
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