Prisionero de la droga,
compañero del hambre;
solitaria es mi huida
hacia ninguna parte.
La suerte me balancea
cual barco a la deriva
y entre ola y ola
deja el pensamiento
desbocarse.
El orden de las cosas
que el hombre mismo
se impone,
es una invitación
a romper el hilo de enlace.
La inocencia de aquél niño
que yo fui,
se desnuda ante mis ojos
como un sueño milenario.
Y amarrado a la quilla
de esa jeringuilla,
noto que mi vida
ya no es mi vida.
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