Pero no sabría, ahora mismo, cuando mi cuerpo y mente,
vagan en el entorno taciturno y árido
en el cual han recaído por tu ausencia,
que parte de ti fue la primera en la que se fijaron mis ojos.
Los tuyos tal vez.
Tu cintura esbelta y mágica de rosa rociera.
Tu pelo ondular al viento, emulando la madre tierra.
Esa aureola que te rodea llena de esencia de olores prohibidos.
La majestuosidad, seguridad y arrogancia en tu caminar.
La dulzura de tu voz, cual ruiseñor en primavera.
Ese conjunto de ti misma que te define como mujer.
O tal vez será.
Que fueron mis sueños llenos de espejismos laberínticos
y pensamientos vedados, los que te encumbraron y dieron a luz.
Y esa primera vez al verte, fuera de mis fantasías,
convertida en un ser real al que poder sentir y enamorar.
¡Solo sé que fuiste tú, toda tú!