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domingo, 29 de marzo de 2009

¡Apático!

En cuanto me doy la vuelta e intento proseguir con mi soledad,
consumiendo los miles de cristales rotos que un día formaron mi vida;
para, cual rompecabezas lleno de agujeros negros, ensamblar.
Miro de reojo y. ¡Ahí estás tú! 
La perfecta, la inmutable; impasible ante mi dolor.
Esperando que mi ¿existencia? me arrastre hacia el desastre.

Has de esperar un poco más.
Ahora cuando a la vuelta de todo me encuentro me llama la curiosidad,
quiero saber si solo, en mi retiro, puedo también sentirme vivo.
Devorar el mundo sin miedo a volverme a equivocar
y con errores o sin ellos comerme lo que de vida me quede.

Tanta hipocresía y cinismo me aburren, dan asco, hacen vomitar.
Que esto, aquello, o lo otro están mal visto.
Por allí, allá, no es correcto andar ni pasar.
Con éste, ése o aquél no es bueno verse acompañar.
Para acabar maniatado e impedido gracias a los demás.

Y es que intentar ser uno mismo lo llaman locura.
Soñar despierto, ser un barco a la deriva en una tempestad.
Darle la espalda a éste laberíntico y egoísta mundo, soledad.
Buscar un espacio libre en el que contemplarse, narcisismo.
Anhelar un más allá perfecto, donde nadie es más que nadie.
¡Utópicas utopías!


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