No sabe de donde viene ni a donde el destino le llevará.
Toda su vida rodeado de incertidumbres y miedos anidados.
Deseos no natos dormidos en las entrañas del tiempo.
Esperando toda una vida sentir su propio nacimiento.
Miles de arrugas surcan su rostro lleno de no menos frustraciones.
Tormentas y calmas que se suceden formando un explosivo cóctel.
Lleno de risas y llantos, penas y alegrías, flores y espinas.
Adrenalina que hierve en el interior de sus venas escarchadas.
Vaga en solitario por una mente que no entiende de trabas ni rejas.
Impuestas por una sociedad decadente, hipócrita y cínica.
Y le duele saberse parco entre tanta interrogantes.
Y las respuestas son solo utopías en el tiempo.
Y se tapa la boca con el prolongado silencio de la resignación.
Entre tanta oscuridad y silencio un rayo de esperanza y otro de luz.
Dan vida y sentido al cuerdo loco y al loco cuerdo.
Y a lo lejos escucha al viento susurrar.
¡No sueñes tu vida, vive tus sueños!
Translate
lunes, 20 de abril de 2009
Desasosiegos
Cual luchador infatigable e inalterable
frente a los muros de la intolerancia,
la inocencia de la libertad extiende sus alas blancas
hacia las incertidumbres de los hombres,
esperando un ápice de comprensión y tolerancia de éstos.
Y es verdad que a veces se me ausenta la mente,
se fuga de este alocado y sin sentido caminar
hacia la inseguridad y sin sabores de la vida,
a los confines donde habita el alma.
Donde se cobijan la esperanza, la razón y la bondad,
ese mundo de ensueño por el cual el espíritu
lucha sin cesar para romper los barrotes que le unen
a ese egoísta y materialista cuerpo al que esta unido
en castigo divino desde el principio de los tiempos.
Ya vuelve de nuevo, por enésima ve, a sangrar la herida.
Ya saltan al aire miles de interrogantes para llenarlo todo.
Ya como tantas otras veces las respuestas son agrios silencios.
Ya en un autómata pausado pero inalterable estar, dejo de ser.
Ya me retraigo de nuevo en mí y me fundo con el silencio.
frente a los muros de la intolerancia,
la inocencia de la libertad extiende sus alas blancas
hacia las incertidumbres de los hombres,
esperando un ápice de comprensión y tolerancia de éstos.
Y es verdad que a veces se me ausenta la mente,
se fuga de este alocado y sin sentido caminar
hacia la inseguridad y sin sabores de la vida,
a los confines donde habita el alma.
Donde se cobijan la esperanza, la razón y la bondad,
ese mundo de ensueño por el cual el espíritu
lucha sin cesar para romper los barrotes que le unen
a ese egoísta y materialista cuerpo al que esta unido
en castigo divino desde el principio de los tiempos.
Ya vuelve de nuevo, por enésima ve, a sangrar la herida.
Ya saltan al aire miles de interrogantes para llenarlo todo.
Ya como tantas otras veces las respuestas son agrios silencios.
Ya en un autómata pausado pero inalterable estar, dejo de ser.
Ya me retraigo de nuevo en mí y me fundo con el silencio.
¡Madre!
¿Qué mata de muerte
sembraste en mi regazo, madre?
Que en mis entrañas sus raíces
se afianzan y retuercen,
mis tuétanos corroen y me marchitan;
en el mar de mi conciencia nada
y mi playa de blanca arena
llena de pisadas vacías y yermas.
Con la chispa de una vida
y el chispazo de mi suerte.
En lo más absurdo de mi ser
me escondí yo un día y al instante,
mi inconsciencia me sumergió
en un laberinto de dudas.
Más no sé como se cura la locura
de ésta tragicomedia que es la vida mía.
Que me ata y me desata.
Me engrandece y me envilece.
Me despierta y me adormece.
Entre etéreas y pausadas utopías.
sembraste en mi regazo, madre?
Que en mis entrañas sus raíces
se afianzan y retuercen,
mis tuétanos corroen y me marchitan;
en el mar de mi conciencia nada
y mi playa de blanca arena
llena de pisadas vacías y yermas.
Con la chispa de una vida
y el chispazo de mi suerte.
En lo más absurdo de mi ser
me escondí yo un día y al instante,
mi inconsciencia me sumergió
en un laberinto de dudas.
Más no sé como se cura la locura
de ésta tragicomedia que es la vida mía.
Que me ata y me desata.
Me engrandece y me envilece.
Me despierta y me adormece.
Entre etéreas y pausadas utopías.
sábado, 4 de abril de 2009
¡No! y mil veces ¡No!
¡No quiero!
Lágrimas que no merezco.
Flores sobre mi tumba.
Alabanzas ninguna y menos
las inocuas y sin fundamento.
Dejar de mí recuerdo mayor
que un soplo que lleva el viento.
La compasión y el perdón en mi errar
por éste -mundo infierno-.
Si por mi inconstancia infinita
y mi -vida indecisión- fui un -todo-
inexacto e imperfecto, lo siento.
Dentro de mis erráticas acciones
también hubo amor.
El equivocarse es humano
y yo nunca renuncié a ello.
Volver a nacer sería una perdida de tiempo
y la memoria una laberíntica encerrona,
impropia para un ser de tan bajas luces
y entendimiento.
Lágrimas que no merezco.
Flores sobre mi tumba.
Alabanzas ninguna y menos
las inocuas y sin fundamento.
Dejar de mí recuerdo mayor
que un soplo que lleva el viento.
La compasión y el perdón en mi errar
por éste -mundo infierno-.
Si por mi inconstancia infinita
y mi -vida indecisión- fui un -todo-
inexacto e imperfecto, lo siento.
Dentro de mis erráticas acciones
también hubo amor.
El equivocarse es humano
y yo nunca renuncié a ello.
Volver a nacer sería una perdida de tiempo
y la memoria una laberíntica encerrona,
impropia para un ser de tan bajas luces
y entendimiento.
¿Infundada inquietud?
Me asaltan sombras,
espíritus anónimos surcan el aire,
rodean mi cuerpo.
Siento angustia,
unas manos invisibles
me atenazan el cuello,
el aire me falta, me estremezco.
De un brusco tirón me despierto,
salgo de una pesadilla
y entro en el infierno.
La agonía surca mi rostro,
intento gritar, más no puedo.
¡He sido enterado!
¿Vivo o muerto?
Noto como mi alma
se desprende de mi cuerpo,
se junta con las otras
que invaden el silencio.
Mis párpados se cierran,
espíritus anónimos surcan el aire,
rodean mi cuerpo.
Siento angustia,
unas manos invisibles
me atenazan el cuello,
el aire me falta, me estremezco.
De un brusco tirón me despierto,
salgo de una pesadilla
y entro en el infierno.
La agonía surca mi rostro,
intento gritar, más no puedo.
¡He sido enterado!
¿Vivo o muerto?
Noto como mi alma
se desprende de mi cuerpo,
se junta con las otras
que invaden el silencio.
Mis párpados se cierran,
entro en el sueño eterno.
¿Primo, paria o paria y primo?
¡He ahí la cuestión!
Como en una cadena, despierto y en sueños.
Un rato, otro rato y de ellos tropecientos.
Luchas contra el tiempo.
No pienses, no sueñes, matan tus ilusiones.
No pidas ni tan siquiera tus derechos.
Sufre cabrón, rómpete los cuernos
y ayuda al capital a disfrutar con tu esfuerzo.
Tu espalda se va cargando de obligaciones,
vejaciones, intolerancia, compromisos.
¡Hay!
¡El dinero!
Corres, tropiezas, caes, te levantas.
La ansiedad, los nervios, el estrés.
Traga, digiere, jódete, adelante.
Y a cada golpe de reloj.
Gotas de sangre y sudor.
Derramadas.
Como en una cadena, despierto y en sueños.
Un rato, otro rato y de ellos tropecientos.
Luchas contra el tiempo.
No pienses, no sueñes, matan tus ilusiones.
No pidas ni tan siquiera tus derechos.
Sufre cabrón, rómpete los cuernos
y ayuda al capital a disfrutar con tu esfuerzo.
Tu espalda se va cargando de obligaciones,
vejaciones, intolerancia, compromisos.
¡Hay!
¡El dinero!
Corres, tropiezas, caes, te levantas.
La ansiedad, los nervios, el estrés.
Traga, digiere, jódete, adelante.
Y a cada golpe de reloj.
Gotas de sangre y sudor.
Derramadas.
Anteayeres
Hace ya tantos de ellos que me olvide del -todo-.
Continuamente penetraban legiones de bárbaros condicionantes
por cada una de mis frágiles y debilitadas neuronas,
hasta que imperceptible y pausadamente mi memoria
renunció inexorablemente a lo absurdo de cada "ser y estar".
Mientras mis autómatas dedos teclean, inconscientemente,
absurdas incoherencias en la antimateria del tiempo;
entre la luz del sol y la luna y las tinieblas de lo eterno,
se forman grandes masas de nimbos de un gris pálido,
en un inestable trasiego de imágenes atemporales,
donde se funden y confluyen amaneceres y ocasos
a una velocidad de vértigo.
Todo el surrealista paisaje no es más que
un puñado de anteayeres proscritos caídos,
cual hojas arrancadas del árbol del tejedor de los sueños,
en el agujero negro de lo inconcreto.
Continuamente penetraban legiones de bárbaros condicionantes
por cada una de mis frágiles y debilitadas neuronas,
hasta que imperceptible y pausadamente mi memoria
renunció inexorablemente a lo absurdo de cada "ser y estar".
Mientras mis autómatas dedos teclean, inconscientemente,
absurdas incoherencias en la antimateria del tiempo;
entre la luz del sol y la luna y las tinieblas de lo eterno,
se forman grandes masas de nimbos de un gris pálido,
en un inestable trasiego de imágenes atemporales,
donde se funden y confluyen amaneceres y ocasos
a una velocidad de vértigo.
Todo el surrealista paisaje no es más que
un puñado de anteayeres proscritos caídos,
cual hojas arrancadas del árbol del tejedor de los sueños,
en el agujero negro de lo inconcreto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)