Las gotas de agua resbalan por el cristal del ventanal,
es un húmedo día gris de otoño
y mi mente se evade hacia toda tú,
imaginando esas gotas de rocío deslizándose por tu piel.
Mientras mis labios, desde la lejanía, desean devorarlas,
tu pelo negro se ha quedado pegado a tus sienes y rostro;
dando a todo tu ser una belleza singular exquisita,
en contraste con la blancura de luna del resto de ti misma.
El paraguas intenta, consiguiéndolo solo a medias,
que no te empapes por completo del formidable aguacero,
pero en el fondo, todo tu ser esta deseando abrir sus alas blancas
y recibirlo para sentir como limpia y purifica toda tu alma.
Mientras tanto yo quedo aquí, en solitario frente a la ventana,
tratando de darle sentido a esos nuevos sentimientos,
que recorren mis suburbios neuronales, imaginando que es
el aguacero que penetra a la vez en ambos cuerpos y almas.
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martes, 22 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
Luz de luna
La luz del ocaso despertando a la luna estaba
cuando una silueta de mujer, tú, hacia mi se acercaba.
El corazón me palpitó con fuerza,
como queriendo salirse, a conocerte, de su coraza.
Como en un sueño de ensueño,
una ráfaga de viento cálido y enamoradizo
hacia mi ser el perfume del tuyo traía
y en su regazo su esencia, la de tu ser, portaba.
Transcurrieron eones de un tiempo indeterminado
y cuando más la noche con su oscuridad y sombras
de nuestro cómplice entorno se apoderaba,
más mis ojos veían en ti a la luna en mujer transformada.
Me regalaste una sonrisa sonrosada acompañada de dos besos,
eran dos, bien lo recuerdo, idénticos al topacio de tus ojos.
Cálidos y fríos, fuego y hielo, tentación y deseo.
Y en el fondo de mi ser sentí a la esperanza clavarme su lanza.
cuando una silueta de mujer, tú, hacia mi se acercaba.
El corazón me palpitó con fuerza,
como queriendo salirse, a conocerte, de su coraza.
Como en un sueño de ensueño,
una ráfaga de viento cálido y enamoradizo
hacia mi ser el perfume del tuyo traía
y en su regazo su esencia, la de tu ser, portaba.
Transcurrieron eones de un tiempo indeterminado
y cuando más la noche con su oscuridad y sombras
de nuestro cómplice entorno se apoderaba,
más mis ojos veían en ti a la luna en mujer transformada.
Me regalaste una sonrisa sonrosada acompañada de dos besos,
eran dos, bien lo recuerdo, idénticos al topacio de tus ojos.
Cálidos y fríos, fuego y hielo, tentación y deseo.
Y en el fondo de mi ser sentí a la esperanza clavarme su lanza.
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