Lo que un día
parecía tan solo un simple arañazo de la vida,
poco a
poco con el paso del intransigente y volátil
tiempo,
en un río de
sentimientos contradictorios se ha convertido
y no tiene un
mar al que desfogar toda esa ira-pasión.
Se adolece de
no haber sabido aprovechar los agasajos y regalos
que
deliberadamente y con noble intención le ofrecía la vida,
quedándose
con las hieles a flor de piel e hirviéndole las sienes,
a sabiendas
que nada vuelve y lo no vivido queda envuelto en la nada.
Ahora
mirándose en el espejo del intransigente e inmutable tiempo,
ve que la
obsesión compulsiva e innata adquirida del ¡Qué dirán!
Ha sido una
carga dispuesta por los demás y grabada a fuego en su ser,
que le ha
llevado no saber realmente qué o quien es en realidad.
Si tan solo
somos un mera mota de polvo en un infinito cosmos.
Acaso no es
bonito ir de la mano con el día a día y disfrutar con él.
Sentir el
calor del sol, o la lluvia, o tan solo el aire acariciando nuestra
piel.
¿Qué
hacemos complicándonos la vida y la de nuestros semejantes?