Dos cuerpos que se funden y confunden abrigados por el manto de la noche.
Dos corazones que por unos instantes laten al unísono cual uno solo fuera.
Dos seres que se enlazan, acoplan y fusionan sus jugos y olores prohibidos
a escondidas de los ojos de una sociedad arcaica y desfasada a su era.
Dos bocas que juntan sus labios y se deleitan de miles de sabores gustativos
entre gemidos, susurros, risas apagadas, llenas de gozo y placer infinitos.
Todos sus actos forman parte de un ritual tan ancestral como la procreación,
a veces censurados, criticados y perseguidos en el tiempo por sus congéneres.
Toda la ceremonia transcurre ajena al tiempo, su finalidad es su futuro.
Sueños hibernados durante eones, que se despiertan y se visten de gala,
arropados por las sombras se mezclan portando un arco iris por bandera.
Les queman sus frentes, sus cuellos, sus cuerpos, sus ansias de libertad.
Han elegido ser ellos mismos, tal cual la naturaleza les hizo, sis trabas,
conscientes de que su conducta, considerada libertina por la sociedad,
les puede reportar en algunos casos la tortura, la lapidación y la muerte.
Y orgullosos de su orientación sexual, se besan mientras se despereza el alba.
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