¡Pueblo mío, mío pueblo!
Eres parte de mi historia,
de la historia de mis sueños,
de los sueños de aquél niño,
de aquél niño moreno.
De su cinturón
un trozo de palo colgando
simulando ser una espada;
con un arco, unas flechas
y un montón de aventuras
dispersas en su mente, esperando.
Carreras contra el viento,
patadas en las esquinas,
pintadas en las paredes,
balonazos por doquier,
canicas por el suelo.
Las rodillas hincadas en el fango
haciendo casas de barro
y la tierra sentía
las caricias de sus manos.
Los pájaros se reían
y reían con el eco
de la inocencia de aquél niño,
aquél niño moreno.
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