Se acuesta recriminándose a si mismo su deplorable conducta
y se reprocha el ¿por qué? actúa de esa forma tan mezquina.
El sueño le vence cansado de martirizarse y amargarse mentalmente
y al amanecer siguiente vuelve a la rutina donde se repiten los impulsos.
Actos incontrolados que anular quisiera pero se siente impotente ante ellos.
Se pregunta si serán sus genes, inmadurez, falta de auto control,
algún tipo de enfermedad, será un obseso, un loco disfrazado ante la sociedad;
todo ese amalgama de sentimientos son una tortura sin auto desconexión.
Devora el chocolate como si fuera la cura de sus delirios y deseos prohibidos.
Come lo justo para que su cuerpo siga aguantando el quehacer del día a día.
Se comunica de forma normal con sus congéneres, es extrovertido, divertido,
le gusta hacer reír a los demás y reírse con ellos, entonces se siente feliz.
Y la cotidianeidad va erosionando cada fibra de su ser como el aire invisible
que arrasa de manera insaciable y cotidiana todo lo que encuentra a su paso.
Las fuerzas comienzan a fallarle y tiene miedo de que el mañana se convierta
en una quimera para él mismo y los seres humanos a los que realmente ama.
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