Gotas de sangre
que la tierra suelta.
Gemidos de agonía
de su garganta seca.
Sus sienes se contraen,
la palabra yerma,
en éste mar que arde
recelosos se yerguen los trigales.
Y con un esfuerzo
de demencia y de locura
naces tú,
como esperanza alguna.
Para que tu humilde,
frágil y hermoso plante
al cielo enamore
y el agua mande.
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