Cual torrente de agua
que corre limpia y pura,
sentimientos que afloran de su pecho,
la pasión, la piedad, la ternura...
Agradables sonidos de humedad cargados,
repetidos una y mil veces en el tiempo,
rompen el hilo del subconsciente,
pozo de sueños dulces y amargos.
Desayuno ligero, un vestirse vago
y el tiempo traicionero marcando su paso;
movimiento preciso, corto, opaco,
en cada reclamo.
Abrigo negro azabache como su pelo,
se funden y confunden
sobre una espalda rota
de tardes eternas, llantos sin eco.
Resbalando sobre el viento
que raya el alba,
un sin fin de pisadas rompen el silencio,
el escarabajo rojo se acerca de nuevo.
Gira la rueda, el mismo despacho,
cual baúl ocre, olores amargos,
lleno de gritos ausentes,
agudos y apagados.
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