Le niega con hastío el agua
la nube a la azucena,
se retuercen sedientas su raíces
en el interior de la tierra.
Dos lágrimas rompen
de sus pétalos secos,
presta se dispone a devorarlos
la escorchada tierra.
Envidiosa de tal hermosura
la nube se aleja
y deja moribunda
a la pobre azucena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario