He visto a lo lejos, cuando yo era niño,
humillarse el crepúsculo a tus pies.
El rubor de las olas al romperse
acariciar la fragilidad de tu cintura.
Cuchichear el aire entre los pinos
y de tus fragancias embriagarse.
Encubiertas por la niebla
que despierta ala mañana,
nubes de algodón fino
descargar con timidez sus besos,
cual gotas de agua
sobre tu figura de oro y lino.
Entre tus alas de mariposa de primavera,
a los peces refugiarse, las sargantanas enamorarse
y de ese abanico de colores
al coral a tus pies dejar sus corazones.
Ahora veo en la madurez de mi ser,
que entre tus calas de belleza única
quedó dormida parte de mi niñez.
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