Ese nombre, cual quejido, del que tanto me he escondido
salido de tus cuerdas vocales, pasando por tus labios,
para después fundirse entre tu propio espacio libre y puro
todo él parece diferente, bello, vivo, viento, pasión, fuego.
Se retuercen inquietas sus ilusiones, sus fantasías no natas,
que aguardan impasibles y pacientes el transcurrir del tiempo
en un pecho quebradizo castigado, entre sueños y quimeras,
los gritos con sus ecos y éstos con sus reflejos y viceversa.
Una amorfa palabra tan simple y a su vez tan compleja
en la que entre su anverso y reverso dista un universo.
Gnosticismo de una imagen en un espejo cóncavo o convexo,
donde se distorsiona su apariencia para verlo perfecto.
Y es que sin ti nada entre la nada y de entre la nada, nada.
Y se siente una simple y mera afonía desterrada y proscrita.
Y se pierde entres sus pequeños recuerdos, inquieto a la espera.
Y es tan de tarde en tarde cuando se oye a través de ti.
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