Ha minado mi corazón
dejándole lleno de cráteres,
cual luna anímica, vacía y fría.
Erosionado mi cuerpo,
ahora apergaminado y yermo
como los nervios de la hojarasca.
Dilapidado mi ser
con palabras afiladas y cortantes,
reduciéndole a una masa deforme.
Humillado mi alma,
encerrándola en la cárcel de lo ignoto,
donde nada entre la nada.
Saqueado mis sueños,
entre gritos y quejidos,
en añicos de espejos convertidos.
Volatilizado mi tiempo,
Dédalo de incertidumbres,
dueño de los secuaces del silencio.
Soberbia, orgullosa y gélida,
cual estatua de granito sin sentimientos,
ríes tu victoria entre los ecos de mis lamentos.
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