Mientras la vida y la muerte se evitan
a sabiendas que constantemente habrá encuentro.
Que nosotros, frágiles criaturas de barro,
en un alocado, autómata, pero eterno caminar,
en la inconsciencia de nuestra conciencia;
estaremos continuamente, simple y llanamente,
intentando hacernos un hueco entre los muertos.
Que cada amanecer, autorizados por la muerte,
bebemos un sorbo del néctar de la vida confiados,
cual dóciles corderos, sin saber si será el último.
Que herida tras herida en el paso de la existencia,
tropezamos, cayendo contra las hojas yermas
sin espacios de esperanza, pero caídos,
donde miles de ecos chocan entre sí
arropados por otros tantos silencios.
O tal vez será.
Que solo somos espejismos de la Parca,
imágenes difusas que crea su subconsciente
ávido de sensaciones que puedan mostrarse
a si mismo que existe
y no es una mera fantasía de la efímera vida.
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