¡Gritas libertad!
Y el eco de tus palabras
se hunden en la ciénaga
de tu inherente existencia.
Andas extraviada con tus pisadas
en la caverna donde la razón
se alojó un día y ahora a deshora,
cubierta de telarañas cargadas
de recuerdos, alucinaciones
y pasajes dispersos, se encuentra.
Cabizbaja, desecada, deshidratada y en desuso,
agotado el jugo que antaño por tus venas corría,
te lames tus heridas;
muriendo un poco más a cada paso que dás.
Y se hace cada vez más fuerte
el hedor que desprendes
a sudor, sangre, rabia y llantos contenidos.
¡Despierta, libérate, lucha!
Atenaza y amordaza a ese capital villano
inhumano e impuro que intenta mantenerte
encerrada en la cárcel donde habitó el miedo
y rompe las cadenas que a él te atan.
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