Cae la tarde
ante las lápidas mudas,
ya se aleja el sol
a su morada de musa.
Despierta la luna
de su letargo de plata,
sobre los verdes cipreses
de sombras alargadas.
Allá en lo recóndito,
en la región donde habita
el sueño eterno,
se oyen cuchicheos entre
susurros y risas apagadas.
Esos pensamientos
que escapan en palabras,
se mezclan y se jactan
de ser el único hilo vivo
entre paredes blancas.
La tierra reclama su savia,
el polvo con el polvo
y hacia el infinito
se eleva el alma.
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