Soy vagabundo sin rumbo fijo
que me ate,
aunque el tiempo poco a poco
la savia de mi ser y los recuerdos mate.
En éste intrincado laberinto
que hay que superar
para llegar a ninguna parte.
Frescas como las rosas
en una mañana rociera,
en el eco del silencio
que una araña tejiera.
Aparecen baladas de amor
que queman por dentro
y fortalecen por fuera.
Como no tengo nada que perder
y la curiosidad de vivir
me llama.
Seguiré dando tumbos
hasta que el hilo de energía
que hay en mí,
la envidiosa muerte parta.
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