se cuela por los balcones
y reaviva nuestros temores.
Penetra en nuestro seno,
clava sus uñas afiladas
y desgarra nuestros sueños.
Que puede despertar
en cualquier momento
y con el filo de su guadaña
degollar nuestro tiempo.
Llanto primero
de un recién nacido.
Lamento profundo
de un moribundo.
Agria como la hiel
y dulce como la miel.
Escribo.
Estos versos enrarecidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario