Oscuros laberintos
de ascuas apagadas,
un cruce de caminos
ancestrales como el tiempo.
Arcones carcomidos,
escondidos en rincones
de corazones olvidados,
entre olores prohibidos.
La quietud queda rota
por el llanto de una lágrima,
la silueta de la esperanza
colgada en el filo de una lanza.
En el recuerdo,
jirones de ilusiones flotando,
desenterradas de un álbum de fotos
descolorido y demacrado.
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