Con el afán de poseerte
me deshice en halagos hacia ti.
Te mimé como a una princesa.
Te convertí en la niña de mis ojos.
Me inventé un mundo nuevo.
Para en él enamorarte.
Mientras a mi alrededor
el tiempo clavaba sus afiladas garras
desgarrando mi ser y mi alma.
todo mi mundo envejecía
y yo con él.
Y tú ajena a todo sigues riéndote
en tu cúpula de cristal.
El miedo me hace temblar cuando
alguna, por cierto, escasa vez
hacia mi diriges tu mirada
y las palabras se agolpan
en la caverna oscura de mi garganta.
Ahora, cuando el tiempo ya no importa,
te miro sin verte
sabiendo que oscura fue mi suerte.
Y en los adentros de mi corazón
crecen amapolas negras
mientras me posee la sinrazón.
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