Ahora que el todo y la nada son uña y carne.
Yo me despojo de ataduras y el lastre de la razón
y viajo por el cosmos volátil como el viento,
entre ellos, con mis manos entrelazadas a las suyas;
abarcando con la grandeza de mi alma todo un mundo
de fantasías, utopías y sueños comprendo.
Porque aquellos miedos, fobias y frustraciones,
desde el principio de todos los tiempos,
anidaron en mi cuerpo y mente forjando túneles y cuevas
en el subconsciente, para formar el utópico hogar
de los sin techo y sin nombre.
Abrasados y cegados por un sol demencial, la cordura,
fueron humillados, vejados, ajusticiados y quemados,
en nombre de un orden previamente establecido;
la inquisidora ecuanimidad del derecho legítimo del ser.
¿Qué puede ser lo más aberrante del ser humano,
atado a un mundo lleno de puntos y contrapuntos?
¡Que el miedo propio a lo desconocido e indefinido,
blandiendo en su mano la espada
del poder ciego de la justicia!
¡A sabiendas que su tiempo aquí es finito!
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