Era tarde,
la noche el cielo cubrió.
Una sombra furtiva
la tapia del cementerio saltó,
a depositar una rosa roja
en la tumba de su amor.
En la flor iba su vida,
su alma, su corazón;
la inexistencia en que vive,
que no muere por amor.
El cuidarla es su alimento,
su vida, su pasión.
No descubran esa sombra.
¡Que es un poema de amor!
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