Se me hicieron.
Eternas las noches.
Interminables los días.
A solas y en silencio
con mi soledad
y la melancolía.
Te busqué en los suburbios
de mi mente,
donde te perdí confundida
entre la muchedumbre.
Te encontré,
después de un largo caminar,
por esos recovecos
laberínticos de mi memoria.
Escondida entre musgos y líquenes,
entumecida y gélida,
como dormida,
exhausta y sin aliento.
Enredada,
entre la tela de araña
del tiempo
y suspiré al comprender.
Que solamente existías
en las entrañas
de mi alocada e introvertida.
¡Ansiedad!
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