¡Qué cara te vendes princesa!
Que envuelta en tu concha miras impasible
como ante ti arrastro mis penas.
¡Qué caro te vendes amor!
Que para tenerte y beber en tu oasis
antes he de morir de dolor.
¡Qué cara te vendes pasión!
Que vienes a mí cuando mi cuerpo
rebosa cansancio y contrición.
¡Qué cara te vendes dulzura!
Que con tu voz pura confundes mis sentidos
y me llenas de dudas.
¡Qué cara te vendes cordura!
Que me atraes hacia ti
con las garras de la locura.
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