O es que mi propia cordura
al mirarse al espejo de mis ojos,
con su reflejo confunde mis sentidos
y en mi mente se vuelve todo
inestable, oscuro y tenebroso.
Es por ello,
que le he puesto nombre a mi
muerte.
Para que cuando se acerque
a llevarme a su guarida de musa,
mi alma la reconozca en toda su esencia
y se vista de primavera.
Mientras una aurora semidormida
la acompañe en su alegre caminar,
cual niña enamorada,
a ese mundo nuevo que le espera.
Entrelazando nuestros dedos,
la Parca y yo,
los suyos y los míos,
en nuestro caminar soledad y silencio.
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