Por mucho que los muertos
se afanen en correr y correr
para esconderse en sus sueños
de hiel y miel.
Nosotros, mortales como ellos,
les alcanzaremos
y seguiremos su mismo sino.
En sus tristes y abstraídas miradas
infinitos ¿por qué?
Tiemblan mis labios marchitos
y ellos con su silencio
ya les han respondido.
Y es que el ¿por qué?
Al final del ¡todo!
Cuando la ¡nada!
Acuchille nuestro sino.
En esas entremedias,
a lo que denominamos
¡vida!
El ¿por qué?
¡Tanto sufrimiento y desatino!
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