Atardece el en mar,
el viejo disco rojo incandescente
se ve en el horizonte zozobrar,
bajo una tarde gris ambulante.
De su mirada inocua y vacía
se escapa una interrogante,
una lágrima rebelde nacida en la lejanía,
resbala rota hacia un mar arrogante.
En el interior de su caparazón
corroído, cansado y humillado,
yace inerte, quebrado el corazón,
el timonel, su compañero amado.
Esa risa de niña enamorada,
la gracia con que volaba sobre el mar
bajo la protección de aquella tez tostada.
¿Dónde ha ido todo a parar?
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