Con el rostro pálido, erosionado e impreciso,
sigues tú, impasible figura, velando su lecho.
Leal e imperturbable ante las vicisitudes del tiempo.
Ojos sin parpados, fijos y expectantes hacia la nada.
Con el cuerpo encorvado, rodilla en tierra,
vigilas en eterna y tranquila espera.
Enterrada en el olvido de lo mundano quedó su vida.
Ayer, hoy , mañana, susurros que son silencios.
Con tu traje de granito enlutada dejas que pase lo ya escrito.
Se suceden las estaciones bulliciosas e imperfectas.
La vida sigue su alocada carrera nadando entre la nada.
Un cuervo pasa ligero, esparciendo en tu cabeza su estiércol.
Con el corazón encerrado en la vieja piedra.
Las manos engarrotadas por falta de movimiento.
Loa pies descalzos, rígidos y fríos besando el húmedo suelo.
Rasgos marcados, a base de escape y cincel, similares a tu señor.
Queda tú con él, rígida forma distante y gélida.
En su morada, el durmiente, sueños de vinagre y hiel.
Mientras la tarde se deshace entre olores diversos.
Yo expectante espectador etéreo, os dejo, cambio de aires.
1 comentario:
Que vago desde hace un mes no escribes.
Publicar un comentario