Cual conjunto de imposibles tú y yo,
yo y tú e inevitablemente los dos solos.
Socios, groseros, inadaptados e imperfectos,
retratos inacabados e incompletos de una época, un momento.
Absortos en nosotros mismos,
camuflados en un Dédalo de interrogantes y dudas,
mientras el mar de lo cotidiano y mundano nos fustiga
con sus embravecidas olas, rompiendo su furia
en nuestros castigados, erosionados y cansados cuerpos.
Chussssss... ...¡Silencio...!
¡No rompáis el encanto del momento!
En el exterior la lluvia todo lo limpia
con su manto protector y fresco.
En sus gotas transparentes y cristalinas,
en cada una de ellas nosotros dos reflejados
viéndonos tú y yo solos arropados por el silencio.
Que hermoso es el saberse siempre acompañado
en cada momento, en la soledad más profunda.
Dentro del laberinto neuronal donde nos movemos
siempre seremos uno, aunque de los dos sean los recuerdos.
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