Se acerca corriendo
un duendecillo por una senda,
la luna lo mira curiosa,
¡qué prisa lleva!
En una mano una manzana,
en la otra una flor.
El silencio corta la sangre
de sus venas
y mirando a su alrededor
siente que de él,
las sombras se apoderan.
Al rato la fatiga llega,
su corazón late deprisa,
un sudor frío en sus sienes se congela;
el miedo como compañero,
la Parca agazapada espera.
Bajo la luna brilla el metal,
en su costado la sangre brotar
de una cuchillada traicionera.
Todo le da vueltas,
cae inerte en la vereda.
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