Y de una de sus costillas formó otro ser, la mujer.
Y sería su perpetua compañera.
Y ésta le presentó a él a la serpiente.
Y ambos comieron el fruto del árbol prohibido.
Y el reptil se encaprichó de una parte de él.
Y le enseñó el número prohibido.
Y lo practicaron por enésima vez.
Y por enésima vez cometieron bestialidades.
Y la ira del todo poderoso cayó sobre ellos.
Y fueron separados, confundidas sus mentes.
Y ella fue castigada a ser eternamente un ovíparo bífido.
Y llevar eternamente una vida rastrera.
Y él fue obligado a vivir de nuevo con su compañera.
Y juntos juzgados y humillados fueron desterrados.
Y condenados a ser seres mortales.
Y vagar por el mundo del caos y la desolación.
Y procrear para auto destruirse.
Y alimentarse de ilusiones que perecen con el tiempo.
Y nacer con la muerte dormida en las entrañas.
Y envidiar a sus semejantes y todos los placeres terrenales.
Y matar a cualquier ser vivo sin un ápice de conciencia.
Y ser el arma homicida en su propio mundo laberíntico.
Y Yahveh, arrepentido, les envió a su hijo para redimirlos.
Y su hijo se hizo hombre.
Y se enamoró de María magdalena.
Y conoció el sabor de la carne.
Y fue condenado por ello a ser vejado por sus semejantes.
Y ejecutado por las victimas insalvables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario