Como animal de compañía,
para poder alabada e idolatrada
su narcisista hipocresía.
El ser humano hizo lo propio con sus semejantes,
a los que patear, vejar y escupir pudiera,
para quitarse el peso de su propia carga.
Entre tanta estupidez desparpajo y cinismo,
aparece el dominio y la posesión de un ser vivo sobre otro,
sin conciencia ni razón a la que rendirle cuentas.
Y digo yo que nadie debe de ser propiedad de nadie,
ni derecho alguno de alguien a doblegar
a cualquier otra criatura sin consentimiento de ésta.
¡Respeta si quieres ser respetado!
¡De lo que siembres recojas!
¡Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra!
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