¡No quiero!
Lágrimas que no merezco.
Flores sobre mi tumba.
Alabanzas ninguna y menos
las inocuas y sin fundamento.
Dejar de mí recuerdo mayor
que un soplo que lleva el viento.
La compasión y el perdón en mi errar
por éste -mundo infierno-.
Si por mi inconstancia infinita
y mi -vida indecisión- fui un -todo-
inexacto e imperfecto, lo siento.
Dentro de mis erráticas acciones
también hubo amor.
El equivocarse es humano
y yo nunca renuncié a ello.
Volver a nacer sería una perdida de tiempo
y la memoria una laberíntica encerrona,
impropia para un ser de tan bajas luces
y entendimiento.
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