Hace ya tantos de ellos que me olvide del -todo-.
Continuamente penetraban legiones de bárbaros condicionantes
por cada una de mis frágiles y debilitadas neuronas,
hasta que imperceptible y pausadamente mi memoria
renunció inexorablemente a lo absurdo de cada "ser y estar".
Mientras mis autómatas dedos teclean, inconscientemente,
absurdas incoherencias en la antimateria del tiempo;
entre la luz del sol y la luna y las tinieblas de lo eterno,
se forman grandes masas de nimbos de un gris pálido,
en un inestable trasiego de imágenes atemporales,
donde se funden y confluyen amaneceres y ocasos
a una velocidad de vértigo.
Todo el surrealista paisaje no es más que
un puñado de anteayeres proscritos caídos,
cual hojas arrancadas del árbol del tejedor de los sueños,
en el agujero negro de lo inconcreto.
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