¿Qué mata de muerte
sembraste en mi regazo, madre?
Que en mis entrañas sus raíces
se afianzan y retuercen,
mis tuétanos corroen y me marchitan;
en el mar de mi conciencia nada
y mi playa de blanca arena
llena de pisadas vacías y yermas.
Con la chispa de una vida
y el chispazo de mi suerte.
En lo más absurdo de mi ser
me escondí yo un día y al instante,
mi inconsciencia me sumergió
en un laberinto de dudas.
Más no sé como se cura la locura
de ésta tragicomedia que es la vida mía.
Que me ata y me desata.
Me engrandece y me envilece.
Me despierta y me adormece.
Entre etéreas y pausadas utopías.
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