¡Y lloró!
Eran lágrimas del hombre,
el amante, el poeta.
Silva el aire,
no hay respuesta.
Su corazón partido,
su mente divaga suelta.
Se apagó su risa,
de mirada lejana, incierta.
Bajo su mano la pluma tiembla,
insegura va trazando palabras sueltas
de otro tiempo, otra era,
tan lejanos y tan cerca.
La sangre mancha el papel,
su herida es tierna.
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