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martes, 9 de abril de 2013

¡Creer o no creer e ahí la cuestión!

Me estremezco, en una noche húmeda y fría de primavera valenciana,
la luna llena testigo mudo es de mis desasosiegos y anhelos de toda tú;
sentir el perfume de tu ser cabalgando a horcajadas sobre el lomo del viento,
cual corcel desbocado sin bridas, un punto fijo, ni rumbo, ni horizonte.

Y verte pasar, como rayo fugaz en una tormenta, y escuchar a lo lejos el trueno;
al tiempo saber que ya te fuiste, sentir en mi rostro las gotas de lluvia caer
y dar gracias al cielo, pues ellas disimulan mis lágrimas en silencio resbalar
rendidas y faltas de candor humano por mis gélidas y sonrosadas mejillas.

Recordar, con alegría contenida, como el mar Mediterráneo envidiaba nuestro reír,
dos cuerpos que se apoyan mutuamente el uno sobre el otro y el otro sobre uno.
Con sus olas al dejarlas morir a nuestros pies nos pedía en silenciosa agonía
ser participe de esa intimidad y complicidad que nos embargaba en cuerpo y alma.

La cruel realidad me devuelve a un presente imperfecto lleno de su quehacer cotidiano
y parece que todo lo anteriormente descrito nos lleva a un tiempo muy lejano;
tan solo fue el ayer, en un punto indefinido de una memoria exánime y exhausta,
más cercano en el tiempo de lo que nadie nunca pudiera imaginar.

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