Parece que fue ayer,
oír brotar de las gargantas las palabras,
como olas bravías que rompen
contra el acantilado imperturbable.
Las canas se amontonan
en los cueros cabelludos,
mientras en las sienes
surcos profundos retienen
el sudor que se congela.
La escarcha que se forma desdibuja,
cual espejo cóncavo o convexo equivocado,
pasiones y nostalgias que claudican
y nunca llegaron a saber.
Si en el firmamento lo que hay son estrellas
o lágrimas de almas en pena
que al despojarse de éste cuerpo terrenal,
dejaron mucho por hacer.
El viento las recibe y las devora,
cual pasajero libre de equipaje,
sin destino fijo determinado
ni horizonte que las guíe en su peregrinaje.
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