Un grillo subido en un ciprés
todo su repertorio ensaya;
sin perder el compás un expectante ciempiés,
se pone a taconear en una baya.
En una charca cercana,
sobre una hoja de nenúfar
canta una henchida rana
siguiendo las notas bufar.
Un búho que escucha
se prepara discreto
y se una a la lucha
para formar un cuarteo.
Tal altura alcanza el tema en estridor,
que despertando de su letargo, la culebra sigilosa
se zampó a la rana hermosa
y dejó al cuarteto sin tenor.
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