Si tus pensamientos ensimismados
se atreviesen a dejar su cubil
y romper los barrotes ligados
a esa celda de marfil.
Si tus oídos escucharan
al silencio adormecido,
sobre un manto de flores de azafrán
resbalar y caer, ser crujido.
Si tus ojos me miraran
como las miradas de los niños
y en tus pestañas me acunaran
como se acunan los guiños.
Si tus labios sensuales hablaran
como hablan las cascadas de los ríos
y en secreto al viento susurraran
que tus sueños y los míos son los mismos.
¡Si toda tú!
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