Aquella larga, gélida e interminable noche te esperé.
Cual crédulo místico que se aferra ciegamente a su fe.
Cual crédulo místico que se aferra ciegamente a su fe.
A sabiendas, de antemano, que no vendrías.
Como tantas otras citas a las que nunca acudiste.
Mi cuerpo se estremecía, como barco a la deriva,
situado en el centro de la tormenta de la vida.
Sin amarre o sujeción alguna a la que aferrarse,
con la esperanza de encontrar en ti su salvavidas.
Por mi mente se sucedían infinitas imágenes
de nuestro deambular juntos, entre errores y aciertos.
Por ese río turbulento, rebelde e incomprensible,
a veces, tantas veces, de nuestra ¿existencia?
¡Basta ya de tanta tragicomedia en agonía!
¡Se me hace insoportable hasta el respirar!
¡Dame tu mano, entrecrucemos nuestros dedos!
¡Solo te pido que me acojas y acunes en tu seno!
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