Guardo en mi memoria y en
cada poro de mi ser un trozo de tu historia, entrelazada a la mía
y tú seguramente haces lo
propio, formando un micro clima, mundo solamente nuestro.
Cuando miro en el espejo
de mis recuerdos y vivencias no son completos sin ti,
eres la esencia, la sal y
pimienta que les da un sabor y olor únicos e inigualables.
Me atraes lo mismo que a
la arena de la playa las olas del mar, sentirlas morir en su pecho
y percibir a su vez las
caricias de la espuma penetrar por todos los poros de su propio ser.
Pero lo mismo que las
llamas de una hoguera en todo su esplendor, no durará eternamente
y luego en ascuas
encendidas para pasar a ser tan solo cenizas que se llevará el
viento.
El tiempo sigue absorto y
ensimismado en su propia obsesión de controlarlo todo,
sin pararse a pensar en
los seres con fecha de caducidad, sus ilusiones y sueños.
Tú me miras, yo te
sostengo la mirada, me sonríes, yo me estremezco cual junco
vulnerable expuesto a los
avatares que tú tengas para mi escritos en tu cuaderno.
Naciste conmigo y conmigo,
cuando se nos acabe éste transito hacia el más allá,
pereceremos ambos dos en
éste vagar y deambular, malamente llamado ¡vida!
Lo bueno de todo esto es
que cuando yo ya pase al otro lado, perfecto
desconocido;
tú ya no podrás
controlarme, dejaré esta cárcel para poder realmente ser libre.
1 comentario:
una preciosidad
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