sin un punto exacto que marque su contenido.
Ligera, transparente, translúcida
y a su vez pesada, opaca y oscura.
Donde la cordura y la locura se mezclan,
en una cantidad indeterminada,
sin un control, lógica o medida
sobre el espécimen o individuo que la toma.
Sorbo tras sorbo cada vez nos acercamos más a su fondo,
pero a veces es tan turbio que no llegamos a distinguirlo
y confiados de que no tiene calado proseguimos ingenuos
derramando parte de su contenido por el camino sin saborearlo.
La calidad de su esencia, irónicamente, a veces, tan solo depende
del entorno social, político y económico de cada ser vivo
y sus efectos secundarios nunca están sujetos o penden
de una balanza equilibrada y justa que los defina.
del entorno social, político y económico de cada ser vivo
y sus efectos secundarios nunca están sujetos o penden
de una balanza equilibrada y justa que los defina.
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