La luz del ocaso despertando a la luna estaba
cuando una silueta de mujer, tú, hacia mi se acercaba.
El corazón me palpitó con fuerza,
como queriendo salirse, a conocerte, de su coraza.
Como en un sueño de ensueño,
una ráfaga de viento cálido y enamoradizo
hacia mi ser el perfume del tuyo traía
y en su regazo su esencia, la de tu ser, portaba.
Transcurrieron eones de un tiempo indeterminado
y cuando más la noche con su oscuridad y sombras
de nuestro cómplice entorno se apoderaba,
más mis ojos veían en ti a la luna en mujer transformada.
Me regalaste una sonrisa sonrosada acompañada de dos besos,
eran dos, bien lo recuerdo, idénticos al topacio de tus ojos.
Cálidos y fríos, fuego y hielo, tentación y deseo.
Y en el fondo de mi ser sentí a la esperanza clavarme su lanza.
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