de primavera vestida!
Nada más nacer, viene el llanto
del no nato al ver la luz
y sentirse más desprotegido y voluble
después de abandonar su cubículo.
Y la guadañera, silenciosa y muda,
va trazando los semicírculos perfectos
con los que siega que te siega, a cada ser vivo,
espiga tras espiga de su incierto tiempo.
En las entrañas de nuestro sino, cual infame parásito,
tiene bien cimentado su nido,
expandiendo día tras día sus dominios,
ajena a ilusiones, sueños y quimeras de su huésped.
Y nosotros, motas de polvo en el infinito universo,
marionetas compuestas de materia orgánica;
esclavizamos nuestras vidas y las de nuestros semejantes,
con las cosas materiales y efímeras, cual nosotros mismos.
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