Y es que aguardar sediento de ti, sin reparar en tiempo alguno,
es como el cantar de los cantares recitado por un mudo;
un mudo loco, olvidadizo y descuidado,
que tira la piedra y esconde la mano.
Cuantas piedras habré lanzado a mi tejado, tú, mi jardín amado,
que sin flores, apático y seco de amor lo he dejado.
Plantar de nuevo, arco iris floreados con vigorosos tallos
quisiera yo, en tu corazón, tu alma y tus sueños quebrados.
Y es que una golondrina, tú, me dijo un día:
Si me amas, ámame por entero, sin reparo ni medida,
por que mientras haya un hilo de vida rebosante de amor,
tu nido será el mío lleno de sus noches y sus días.
El tiempo todo lo alcanza con sus continuas zancadas silenciosas y mudas,
sus garras se cerraron en mi garganta y me devuelve mi cosecha.
Si a los que se lamentan de sus errores sin darles remedio
se les llama necios, yo lo soy y no me siento orgulloso de ello.
Y es que sin tí se me ausenta la mente hacia ti, por ti y para ti;
el ciclo vital que me queda comienza a distraerse,
se esconde entre los agujeros del guijarro medio hueco que es mi testa
y entre sus recuerdos dormita, con pasajes hermosos de ti, mi estrella.
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